Cactácea, un manantial que desborda mexicanidad. Entrevista con Alberto Villarreal

Cactacea_44.JPGAlberto Villarreal, autor y director de la última producción de Luna Morena, nos comparte en entrevista su visión acerca del teatro como espacio de expresión y los secretos al interior de la CACTÁCEA que termina temporada este 31 de julio en el Laboratorio de Arte Variedades, LARVA.

Por @stip_contreras

Stip Contreras (SC): Es tu primera obra con títeres y su lenguaje de animación ¿Cómo ha sido la experiencia?

Alberto Villarreal (AV): Un interés particular entre Miguel Ángel, director de Luna Morena y yo al crear esta obra, era trabajar en varios planos estéticos del teatro, trabajar con marionetas, actores, y ver al teatro como instalación. Y que esos tres lenguajes se intervinieran. La presencia de un juego mecánico de oruga, es un gran objeto que transforma el espacio en una instalación pero al mismo tiempo puede ser visto como marioneta y como un gran actor.

Buscamos que los actores habitaran en estos territorios, que se combinaran, se contaminaran, y eso también se volvió un impulso, un temperamento para las escenas en sí. Que las escenas tuvieran una sensación vertiginosa, un movimiento mecánico constante, un flujo, un ir todo el tiempo acelerándose, que fuera una obra rápida, una obra a partir de símbolos.

La potencia del símbolo dentro del teatro permite múltiples lecturas. El símbolo abre la subjetividad del espectador. Cuando ves un símbolo que sabes que compartimos todos, como público, como nación, como humanidad, pero al mismo tiempo le das un valor muy concreto, ahí es donde el público puede leer distintas cosas sobre la obra y es importante que el teatro no se vuelva un sector de adoctrinamiento que de una sola visión de la realidad y que la defienda como: “esto es la verdad”.

La verdad vista desde el teatro es un elemento peligroso, lo importante es poner en relatividad y encontrar otro modo de hacer las cosas, eso es precisamente la ficción.

SC: Cactácea está llena de capas conceptuales ¿Hay un sentido filosófico en esta obra, en su propuesta?

AV: Si lo hay, creo que la obra parte de una preocupación filosófica que tiene que ver con cuales son los paradigmas o los problemas del cambio de siglo, pero sobre todo de entrar en el universo de la Internet, y como la Internet está transformando nuestra conciencia de lo real, y a partir de aquí estudiar una idea particular de qué es México, la mexicanidad.

La obra surge de una provocación que viene del Royal Court Theatre de Londres, que escoge a un grupo de dramaturgos para que escribamos una obra sobre México. A partir de ahí, al comenzar a escribir a mí me parecía que tenía que pensar a México fuera de los lugares comunes, fuera del folklorismo, fuera de todo aquello que se reconoce al exterior de nuestras fronteras y que se identifica con lo mexicano; A mí me pareció que hay dos zonas que podían dar una mirada particular, una de ellas, el temperamento, la zona alucinante de la mexicanidad como opuesto radical al racionalismo de occidente de la cultura europea que llega a América.

Me importaba mucho esta idea de “La invención de América” en los textos de Edmundo O’ Gorman, extraordinarios, esa invención hecha a partir de lo alucinante, hecha a partir de lo fantástico, América como un territorio hecho absolutamente para desplegar fantasía; lo podemos ver incluso en los nombres territoriales de California al norte de Latinoamérica, que es el nombre de una isla fantástica de los libros de caballerías: la isla California; y al final del continente la Patagonia, de los gigantes patagones en Europa, es decir, el continente esta nombrado como espacio fantástico.

La idea fue retomar este espacio alucinatorio y después confrontarlo con otro modo de alucinación, que es la Internet, la virtualidad, lo irreal, los perfiles fantásticos, el mundo mentiroso en el cual se está habitando ahí, entonces ver la Internet como nueva opción nacional, como un nuevo lugar donde tú puedes tener una identidad. Aquello que nos daban los países ahora está en esa zona global.

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Lourdes González, directora del LARVA; Alberto Villarreal; y Miguel Angel Gutiérrez

SC: Esta pieza va de lo histórico, fantástico, documental, a lo contemporáneo ¿cierto?

AV: Exactamente, y una contemporaneidad que genera nuevos problemas sobre la humanidad que nunca habíamos tenido. Nunca habíamos estado en la situación de la Internet, y entonces me parece que el teatro es un lugar para plantear el problema y habitarlo a través de una serie de simbologías estéticas, rítmicas, sonoras y que sea el espectador el que se posicione.

SC: Esta obra está hecha para que el espectador la vea, pero también elija una postura frente a ella, ¿qué preguntas quieres dejarle al final?

AV: Es necesario que el espectador se posicione moralmente, éticamente, filosóficamente y lúdicamente ante la obra, por los símbolos que se presentan sobre lo mexicano, lo nacional. Nadie podría ser neutro ante ellos, significan algo para nosotros y poner en juego esos símbolos en el teatro puede ir desde una reflexión intelectual, una herejía, una obscenidad, hasta una bella metáfora, pero eso es imposible que lo decidamos nosotros como creadores, es algo que el espectador decide de acuerdo a sus valores, la obra está diseñada para dar este efecto.

Cactácea es una especie de manantial de preguntas y cuestionamientos; que ni siquiera se puede decir exactamente qué preguntas porque la obra ofrece muchos ángulos, muchos puntos de vista, y sin duda los espectadores seleccionarán el que les parezca más interesante.

SC: Hay momentos de la obra que aturden, sonoramente y en cuestión de símbolos y de conceptos. ¿Es una propuesta tuya?

AV: Sin duda, porque creo que la cultura mexicana está diseñada de eso. Cuando creábamos esta obra, Esmirna Barrios y yo queríamos hacer el vestuario, estábamos en el Mercado Sonora, en la ciudad de México, y cuando estás adentro de este mercado la sensación es totalmente de aturdimiento, es decir, no hay mesura. Aquí mismo en Guadalajara en los altares barrocos, en la comida, en una torta ahogada, y en una forma de aturdimiento de sabor.

La cultura mexicana no es mesurada, entonces me parecía fundamental crear este espacio que sí tiene linderos con el ruido, tiene un lindero con la sensación excesiva del color, pero justo eso es donde queríamos trabajar, tiene que desbordar, somos una cultura del desbordamiento. Por ejemplo, arquitectónicamente todo lo mexicano tiende a ser excesivo, los estadios que hacemos tienen que ser gigantescos, es decir, la cultura mexicana es muy desbordante, era un factor que queríamos que estuviera dentro de la obra y que fuera muy sensible.

Pero ya no es solamente el desbordamiento folklórico, si no el desbordamiento también de la Internet, como un espacio de tantos millones y de tanta información que no puede ser contenida por nadie, la Internet nos ha replanteado la idea de infinito, nadie puede ver todas las páginas de Internet, no puedes ni siquiera leer Wikipedia, no te alcanza la vida para hacer algo así, entonces la Internet volvió a replantear que el ser humano construye espacios infinitos que es incapaz de habitar, y eso es una saturación también.

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Andrés David, actor principal de CACTÁCEA

SC: De alguna forma hay una postura sobre el ritmo de lo humano, sobre este infinito de la Internet, y de la cantidad de información que no podemos consumir en su totalidad ¿Qué piensas al respecto?

AV: Es importante al final no decir algo concreto sobre la Internet, hay que exponerla, exponer la brutalidad y la belleza que contiene la Internet, pero no decir: “esto es muy malo”, “esto es muy bueno”, “qué bueno que nos sucedió”, “que malo que nos sucedió”.

El teatro puede quedar muy cerca de la retórica y muy fácilmente volverse un ente moral que le diga al espectador lo que debe pensar, nosotros huimos constantemente de eso, nosotros no sabemos qué decirle al espectador. Hacer teatro no quiere decir que tengas algo que decir, eso me parece un gran error, tampoco el teatro y el arte están hechos para hacer mejores personas, el teatro existe como una manifestación, una punción de necesidades viscerales y orgánicas, por eso es algo que está muy relacionado al cuerpo, al espacio, al tiempo, a lo inexplicable, a lo misterioso.

Juan José Gurrola hablaba de que el teatro baja y a veces acontece. Desde mi punto de vista es el contrario, creo que el teatro emerge, es una cosa más bien tectónica, más bien demoniaca, no en el sentido católico,  si no en el sentido casi pagano de algo que sube, y creo que el teatro entonces debe cuidarse de cualquier adoctrinamiento, de cualquier postura política fácil, de cualquier retórica, y de cualquier panfleto, porque entonces ahí es donde la realidad no se expande en el teatro, si no que se comprime a mero proselitismo.

SC: ¿Crees que la experiencia teatral no debería ser un deja vu si no una experiencia única que no vas a repetir?

AV: Esa es la utopía del teatro, para eso se trabaja, para tratar de que es la experiencia, que es la obra, cuando el público la observe realmente asista a algo irrepetible y que sepa, que sienta que no va a volver a ver algo así en su vida, porque no va a volver a ver esta obra. Cuando las obras repiten ciertas fórmulas, ciertos estilos, y uno siente que ya vio esta obra en algún lado, se anula algo central del teatro que es su incapacidad de ser clonado, su incapacidad de ser repetible y se vuelve algo para hacerse una y otra vez, una fórmula fácil, y ahí caemos en la mercadotecnia, que es algo muy alejado del teatro honesto.

SC: ¿Alberto Villareal tiene una fórmula? Tienes más de 40 producciones, ¿Hay alguna tendencia o corriente creativa en algunas de ellas?

AV: Hay obsesiones, las cuales son muy difícil quitártelas de encima, aquí aparecen varias por la iluminación, por utilizar constantes cambios, tengo un concepto muy personal de decir que la luz es el Dios superior del teatro, es el que hace que todo tenga una fuerza total, increíble; la aparición de la animalidad, que también es constante para mí; la idea de la sonoridad en los textos, aquí aparece entre el náhuatl y el español y ciertos cambios idiomáticos, ese gusto por el sonido; creo también el gusto por el fragmento, por la simultaneidad de diferentes planos en la escena. Podrían verse como formulas estéticas, pero yo los vivo más como espacios de obsesión que, aunque no lo quieras, aparecen una y otra vez, es imposible ir contra eso. Si no hay esa obsesión es muy difícil sostener tantas horas de ensayo  y proponerle algo a los demás.

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Imagen de la puesta en escena

SC: ¿Cuál es el teatro que te gusta, donde el protagonista es el texto o la imagen?

AV: Realmente a mí me gustan todos los teatros, me gusta el teatro realista cuando es contundente, bello, cuando el texto dice algo, también cuando son teatros solamente de imágenes, teatro clown, teatro callejero.

En realidad a mí me apasiona el teatro en general, no tengo un gusto específico por algún tipo de teatro. Cuando el teatro se manifiesta con fuerza, está hecho con honestidad, con ataque, con radicalidad y riesgo, es siempre memorable, cualquier estilo de teatro. Todos los estilos que yo conozco, por los que he tenido la fortuna de pasar o los que hacen los compañeros y que para mí son imposibles, me despiertan siempre una enorme admiración y deseo de ir a ellos de decir: “a mí me encantaría un día explorar solamente esto en un corte absolutamente realista”. Afortunadamente el territorio del teatro es infinito y hay lugar para todos.

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